Miradas ajenas

Miradas. Esquivas, curiosas, tímidas, temerosas. Miradas que penetran una realidad ajena. Miradas que esquivan su realidad. Evadirse es imposible. Quiero borrar sus silencios. Abrir sus alas al mundo y que se vayan a volar. Derramar sus dolores y que descansen en paz. Desterrar sus miedos y que puedan suspirar.

Sus voces inquietantes y retraídas, avasallan. Rompen con todo silencio. Sepulcran su verdad. Sus voces están por gritar. Shhh. Gritos sórdidos. Y sus miradas vuelven a mí. Me relojean, me estudian. Me respetan. Sus miradas me pueden. Me quiebro por dentro y no quiero volver. Me escapo de mí, de ellos. Ellos se escapan a cada rato. Vuelven, me miran. Sus miradas, fijas en mí; y, otra vez, yo no sé quién soy.

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Llámame por tu nombre, del cine a Instagram

Esta película, dirigida por Luca Guadagnino (basada en el libro homónimo del estadounidense  André Aciman), es una verdadera belleza. Como quien contempla un cuadro y queda atónito ante lo bello sin poder decir palabra, sin poder explicar qué lo cautiva, este filme deja similar sensación. Atrae la historia de amor, abrumadora, entre un adolescente y un adulto. Cómo se cuenta la iniciación sexual, de forma sutil y exquisita. Y, por supuesto, el escenario –ambientada en el norte de Italia, Lombardía- que ronda lo simple y el preciosismo. Incluso, la analogía entre el paso del verano al invierno, con las vivencias del joven -Elio, de 17 años-, que se ve atropellado por distintas emociones que afloran junto a las estaciones. El director italiano también mezcló sentimientos y estaciones en su película El amante; un artilugio que le sale de maravilla.

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